Joyas Inmobiliarias
 
Propiedades únicas en venta, castillos, palacios, elementos significativos de la arquitectura popular, clásicos del S. XX, propiedades que forman parte de nuestro patrimonio cultural
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El valle del Pas
El Valle del Pas está situado en el límite de Cantabria con Burgos, en el nacimiento del río del mismo nombre. A pesar de su buena comunicación actual con Santander y la costa, a unos 20 minutos en coche, la cultura y tradiciones del pueblo pasiego, que se extiende a los valles del Carriedo y del Miera, e incluso hasta zonas más lejanas y ya muy próximas al mar, se han preservado hasta nuestros días, con un carácter propio y claramente diferenciado de la cultura montañesa del resto de Cantabria.

En el campo de la arquitectura popular, la arquitectura pasiega sobrevive como un enclave dentro de la arquitectura montañesa. En palabras de Carlos Flores, la gran autoridad en la materia, "En las antípodas de esta casa urbana santanderina de nivel medio y medio alto, habría que situar a la casa popular correspondiente al Valle del Pas... tipología cuya desaparición acelerada e irreversible exigiría una intervención urgente de los organismos públicos a fin de preservar como testimonio y documento para el futuro, alguno de los escasos ejemplares hoy conservados."



Como es natural, la arquitectura pasiega se adapta a la forma de vida de sus gentes, ganaderos transhumantes que, según nos cuenta Luis Feduchi en su "Itinerarios de la Arquitectura Popular" de 1975, "... vive en sitio distinto cada estación del año, dejando de lado todo aquello que no le es imprescindible llevar..." Por esta razón, fuera de los tres pueblos principales --Vega de Pas, San Roque y San Pedro del Romeral-- la arquitectura pasiega se muestra en viviendas dispersas, en contraste con la casa montañesa, generalmente adosada componiendo aldeas y pueblos, y en todo caso preparada para ello, con sus dos muros laterales ciegos, o "almanques".



Los pasiegos, difíciles de domeñar y evangelizar como prueba la abundancia de toponímicos de santoral, efectivamente vivían desde siempre, y hasta no hace tanto, en verano en las ladera y los montes altos, y en invierno en el fondo del valle. Mientras que las casas del invierno son más amplias, y se las denominan “casas bajeras” o “vividoras”, las de los altos se suelen llamar “cabañas”, aunque sean solidísimas construcciones que han resistido bien el paso de los siglos mientras han estado en uso.



Estas cabañas suelen tener un volumen muy simple, generalmente de planta rectangular y con cubierta a dos aguas con el caballete perpendicular a la fachada principal donde se ubica la puerta de entrada, generalmente orientada al Sur. La cubierta es de lajas de piedra o “lastras” formando una superficie escamosa, con un vuelo muy escaso o nulo. Sobre ella obresale la chimenea de la umbre baja que hace las veces de cocina en la planta alta. La cubierta generalmente se prolonga sobre la puerta de entrada formando un cobertizo, y parte de él se suele utilizar como corralillo para animales domésticos, por lo que se cierra con barandilla ciega de tablazón.



Los gruesos muros son de piedra en mampostería irregular, aunque suelen tener grandes piezas de sillería bien labrada enmarcando los paños de fachada y en recercado de huecos. La piedra generalmente queda vista, aunque a veces también se enfosca con una fina capa de cal que mantiene la textura de la piedra, y se decora con esgrafiados de diseño primitivo. Estas cabañas tienen escasas ventanas, y algunas sólo cuentan con mínimos huecos de ventilación.



Lo más frecuente es que la casa pasiega tenga dos plantas; una de ellas formando semisótano para los animales, y la superior también denominada “payo”, a la que se accede mediante escalera maciza de piedra o “rampa” adosada al cobertizo. Esta planta superior, aislada de la humedad y “calefactada” por los animales de la planta inferior, tiene dos zonas separadas por un tabique de tablazón, y destinadas a pajar y cocina habitable.



Estas cabañas tan sencillas tienen una característica adicional que denotan su inequívoco carácter popular, que por un lado es eminentemente práctico, y por otro muestra los esfuerzos por personalizar y humanizar el espacio habitado. En el caso de la arquitectura pasiega, esta característica se refleja en los brillantes colores amarillos, rojos, verdes, y azules con los que se pintan los cercos de las ventanas, balaustres y cerramientos de tablazón.



Lamentablemente estos elementos, pintura y madera, son los más perecederos, así como perecedera es la transhumancia que dio vida a estos edificios, y ahora abandonados sólo muestran la rotunda solidez de sus muros desnudos en entornos pintorescos y bucólicos.



Parece difícil que los organismos públicos acudan a preservar estos monumentos. Quizás no sea posible ni deseable convertir este rebaño disperso de cabañas en un museo popular, máxime cuando el Museo del Pueblo Español, creado en la República, aguarda aún su inauguración, esperando el momento en que las instituciones valoren este legado cultural. En Vega de Pas existe un pequeño museo popular dedicado a las costumbres y objetos de la cultura pasiega.



Parece más razonable asegurar la pervivencia de estos elementos dotándoles de un uso más acorde con las necesidades actuales, no de una sociedad transhumante ya desaparecida, sino de la actual Cantabria que se enmarca en el mundo moderno de los servicios.



La situación del Valle del Pas en un entorno de grandes recursos y atractivo turístico, y su proximidad a la costa gracias a las actuales comunicaciones, ofrece una gran alternativa en el uso turístico, especialmente de turismo rural que actualmente tiene una gran aceptación entre una clientela urbana que busca en su tiempo libre la recuperación del contacto perdido con la naturaleza y con una forma de vida más sencilla, más sana, y quizás humanamente más enriquecedora.



Mientras que los edificios más grandes pueden llegar a alojar pequeños establecimientos de turismo rural, los pequeños pueden servir para segunda residencia de vacaciones. Pero lo que estas “cabañas” pasiegas permitirían es un turismo rural disperso basado en estos “bungalows” independientes, un esquema original y de gran atractivo.



Los precios de las propiedades dependen principalmente de las superficies y calidad de la finca, pendientes, arbolado, etc. ya que la edificación se valora escasamente, siempre necesitando remodelación de importancia. También se valora la facilidad de acceso rodado, y la existencia o proximidad de servicios de electricidad, telefonía, agua, manantiales, etc. y sobre todo, el coste de dotar al edificio con dichos servicios. En algunas zonas se divisa el mar en los días claros, y eso se valora. En ocasiones hay diferencias entre el terreno escriturado y el real. En eso no se puede ir con mentalidad urbanita, pero siempre hay que tener las cosas claras.



Las propiedades que se incluyen son a título indicativo. Hay bastante movimiento, tanto por parte de los compradores que han descubierto estas casas y actúan con rapidez, como de los vendedores que a veces cambian de opinión de un día para otro. De hecho son más rápidos que internet, por lo que no podemos garantizar la disponibilidad, ni siquiera el precio, que se mueve al alza y seguirá haciéndolo. De todas maneras, creemos que dan una muy buena idea de lo que se puede encontrar contactando con un poco de tiempo



Bibliografía



Sobre gustos no hay nada escrito ( o sí?). Sobre la casa pasiega hay bastante, y como nos hemos aprovechado bastante de ello, es justo mencionarlo. Valgan una serie de ejemplos:



Carlos Flores, Guia de la Arquitectura Popular Española, MOPU Revista del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, nº 334, pp 82-83, Julio-Agosto 1986



Carlos Flores, Arquitectura Popular Española, Vol 2, pp 189-192, Aguilar, 1973



Carlos Flores, La Casa Popular en España, en Arte y Arquitectura en la Vivienda Española, p 188, Grupo FCC, 1996



Carlos Flores, Pueblos y Lugares de España, , Espasa Calpe, 1991



Luis Feduchi, Itinerarios de ArquitecturaPopular Española Vol 2, pp 230-231 Editorial Blume, 1975